Edificación Sustentable.

Por: Jesús Alejandro Castro Noémi.

La arquitectura sustentable es aquélla que tiene en cuenta el medio ambiente y que valora, cuando proyecta los edificios, la eficiencia de los materiales y de la estructura de construcción, los procesos de edificación, el urbanismo y el impacto que los edificios tienen en la naturaleza y en la sociedad.  Pretende fomentar la eficiencia energética para que esas edificaciones no generen un gasto innecesario de energía, aprovechen los recursos de su entorno para el funcionamiento de sus sistemas y no tengan ningún impacto en el medio ambiente.( http://blog.deltoroantunez.com/2013/11/definicion-arquitectura-sostenible.html)

Muchas personas confunden la arquitectura sustentable con eco-tecnologías o domótica, y en la confianza hacia la eficiencia de las tecnologías en la edificación, sin embargo esto es otra rama de la arquitectura que a veces entra en discusión en cuanto depender de la tecnología para resolver problemas o regresar a la sencillez de los principios de diseño para la mejor optimización de una edificación.

En lo personal el término sustentabilidad en la arquitectura es aquella que tiene en cuenta el contexto, los materiales, y el éxito que tiene el tiempo y economía en la construcción, es un término relativamente nuevo y de tendencia para algunas instituciones que se aprovechan a utilizarse de ello.

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El “Nuevo Urbanismo”.

Por: Karen Monserrat Coronel Cordova.

“La accesibilidad física y la posibilidad de encuentro son más que nunca los principales valores de las zonas urbanas.” François Ascher (2001: 59).

A finales de la década de 1980 surge en estados unidos un nuevo grupo, autodenominado nuevo urbanismo, que defiende el acercamiento y la revitalización de las comunidades, basándose de modelos de desarrollo anteriores a la II guerra mundial, pretende integrar los componentes de la vida moderna vivir, trabajar, comprar y recreación en vecindarios compactos, polifuncionales y amables con el peatón, en relación con un marco regional mayor.

Los líderes de este movimiento hacia un nuevo urbanismo Neo tradicional se reunieron en 1993 para formar el Congreso For de The New Urbanism ( CNU ) , con sede en San francisco. Los fundadores fueron Andres DUany, Elizabeth Plater-Zyberg, entre otros, y llego a contar con 1,500 miembros en 1999.

El nuevo urbanismo tiene que probar, con el tiempo, que sus ideas son superiores tanto para la revitalización de viejas ciudades y pueblos como para construir nuevas comunidades. Si pueden realizar estos retos y los primeros proyectos así como demuestran, el nuevo urbanismo está destinado a ser el camino dominante entre las inversiones inmobiliarias y el planteamiento del futuro. ( ARQHYS, 2012 )

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Movilidad Sustentable

Por: Isabel Contreras Ruiz.

El ser humano, desde su existencia ha tenido la necesidad desplazarse de un lugar a otro para obtener sus recursos. Es por eso que  movilidad se entiende como el conjunto de desplazamientos, de personas y mercancías, que se producen en un entorno físico. “Cuando hablamos de movilidad urbana nos referimos a la totalidad de desplazamientos que se realizan en la ciudad”. (Tranporte, 2007)

Estos desplazamientos son realizados en diferentes medios o sistemas de transportes, ya sea carro, transporte público, bicicletas o andadores. Todos con el objetivo de llegar lo más rápido posible al lugar en donde se desea ir.

Actualmente los problemas de movilidad que se presentan en la mayoría de las ciudades, son la consecuencia progresiva desmejorada del consumo de suelo urbano para el transporte. Esto se refiere a que las ciudades crecen de forma desorganizada, la construcción de más inmuebles y zonas habitacionales de forma desordenada es un problema sin solución. Con el aumento de las distancias entre actividades se requiere cada vez de más desplazamientos motorizados que reclaman a su vez más espacio que consumir, generándose así un círculo vicioso expansivo.

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Arquitectura Sustentable en México

Por: María Fernanda Puig Flores.

“La sustentabilidad en arquitectura la definimos como la forma racional y responsable de crear espacios habitables para el ser humano, bajo las premisas del ahorro de los recursos naturales, financieros y humanos, lo cual justifica la relación con el ámbito del desarrollo sustentable (sociedad, medio ambiente y economía), para lo cual debe cubrir también los requerimientos de habitabilidad del presente y del futuro.” (Moreno, 2008)

El papel que juega la arquitectura en el desarrollo de un país es vital, ya que esta provee los espacios necesarios para realizar las actividades que permiten el progreso tanto de las ciudades como el de la sociedad que en ellas habitan.

Los arquitectos, urbanistas y profesionales dedicados a la industria de la construcción somos los responsables de lograr el diseño de esos espacios, es por eso que tenemos la obligación de plantear propuestas sustentables y hacer proyectos que respeten al medio ambiente, aprovechen los recursos naturales y reduzcan la contaminación sin afectar al entorno.

La complejidad de la arquitectura sustentable radica en sus principios de diseño, debido a que van más allá de la estética del edificio. En el diseño sustentable, lo físico pasa a formar parte de un segundo plano, ya que el análisis y las normas que deben seguirse son la razón de ser en este tipo de proyectos.

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El Entorno Construido y el Cambio Climático.

Por: Manuel Antonio Pérez Vázquez.

El cambio climático es un fenómeno de proporciones globales que en la actualidad causa preocupación, ya que provoca variabilidad en los patrones climatológicos. Este problema compete a todas las profesiones. Arquitectónicamente suele considerarse un reto importante debido a que las tendencias de construcción en temas de urbanismo, deben alinearse para favorecer al medio ambiente, integrándolo de forma dinámica en el desarrollo de las ciudades (Fernández, 2004).

El actual entorno construido debió realizarse considerando de forma objetiva los posibles cambios que pudiesen surgir respecto a la dinámica poblacional (Barton, 2009).

Desafortunadamente las proyecciones realizadas hace 30 años, fueron rebasadas de manera perturbadora, lo que generó hoy en día que los espacios sean reducidos y saturados en las grandes ciudades. Por otra parte en los ambientes rurales más allá de la carencia de espacios de construcción, prevalece el desconocimiento referente a la importancia de planificar adecuadamente los lugares de vivienda para afectar lo menos posible a la naturaleza, un ejemplo se observa en los rellenos no controlados de terrenos bajos o barrancas (fig.1), para usar el suelo como lecho de construcción, generando contextos no seguros (Artiles & Sangabriel, 2012).

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“FUNDAMENTOS AMBIENTALES PARA UNA PLANEACIÓN URBANA SUSTENTABLE”.

Fundamentos Ambientales para una Planeación Urbana Sustentable (Ponencia presentada en el “Foro Estatal de Vivienda”, Jalisco 2009).
Alfredo Ambriz Tapia. 

INTRODUCCIÓN:

Nuestro estilo de vida contemporáneo se ha enfrentado a una dura realidad: no es posible seguir por este camino y esperar que no haya consecuencias por pagar. En el sentido ambiental, habíamos supuesto que la suma de las libertades y comodidades individuales, de alguna manera procuraría el máximo bienestar para la comunidad.

Los pobladores de las zonas urbanas, donde ahora habita la mayor parte del planeta, son cada vez más sedentarios. Prefieren el espacio interior, del que cada vez exigen mayor cantidad y esperan un clima artificial que, combinado con la arquitectura que hemos heredado del estilo internacional, es cada vez más ineficiente.

La distancia promedio que recorremos diariamente ha ido en constante aumento, lo que ha provocado un incremento de la dispersión urbana. Los patrones de uso de suelo han favorecido a la vez un abandono de las ciudades centrales y una conversión de formas de vivienda que propicia cada vez más desperdicio, especialmente considerando la infraestructura de transporte, instalaciones y servicios que, estando ya instalada, se encuentra subempleada.

Los costos del progreso no solamente son complejos y muy elevados, sino que se distribuyen de manera inequitativa, sin depender del grado de “culpa” de quien produce el daño ni de las consecuencias sociales y políticas de las medidas tomadas para mitigarlos.

Es por todo esto que resulta indispensable no solamente buscar criterios para propiciar la sustentabilidad de los asentamientos humanos en nuestro país, como los que nos ha presentado la CONAVI, sino también conocer el camino que se ha seguido para implementarlos en otros contextos y estar preparados para respaldarlos con fundamentos científicos, de manera que pueda resolverse la polémica que existe acerca de quién debe pagar los elevados costos sociales y económicos, no solamente del progreso, sino de las medidas que ahora deberemos tomar para regularlo.

FUNDAMENTOS DE LA PLANEACIÓN AMBIENTAL:

Una primera herramienta que ha contribuido a integrar objetivos de sustentabilidad al desarrollo urbano es la planeación ambiental. Esta tiene entre sus objetivos: minimizar las amenazas a la salud y la vida humanas reduciendo la concentración de agentes tóxicos en el ambiente, conservar recursos para el uso futuro y minimizar daños al ambiente por su valor intrínseco. Igualmente se emplea la planeación energética cuyo objetivo es mucho más simple: conservar recursos energéticos no renovables, empleando estrategias como la orientación solar y los sistemas ambientales pasivos.

Sin embargo, la planeación ambiental no está exenta de dificultades para su operación, entre las cuales destacan:

  • Los procesos ambientales suelen ser complejos y en muchos casos no se comprenden del todo.
  • Los problemas ambientales no respetan límites políticos, como puede apreciarse en las implicaciones globales del problema más polémico: el calentamiento global.
  • La solución de un problema ambiental puede ocasionar nuevos problemas de la misma índole.
  • Los aspectos ambientales pueden desatar fuertes emociones, ya que las decisiones crean grandes ganadores y grandes perdedores.

Por estas razones, muchos países han optado por establecer políticas desde el nivel federal, ya que se evita la problemática derivada de la implementación a nivel local. Desde la asignación de presupuestos dirigidos especialmente al fomento de medidas más eficientes para la planeación de nuevos asentamientos hasta la aplicación de sanciones, cada decisión conlleva un costo que debe absorberse en determinado nivel. Si las medidas ambientales provocan un aumento en los costos de producción, se afecta la competitividad de las naciones. Si provocan un límite al desarrollo urbano, los perdedores son los nuevos residentes que deben enfrentar una oferta de vivienda más reducida. Si se exigen estándares más elevados en el control de emisiones, pueden afectarse hasta los precios de los productos básicos a nivel global.

Históricamente, esta aparente contradicción entre progreso y sustentabilidad se ha tratado de resolver desde la perspectiva de los controles al desarrollo, que generalmente impactan a nivel local la intensidad del crecimiento, el tipo del mismo, su ubicación, la inversión de capital público y el control de su operación una vez realizado.

Los primeros esfuerzos pueden verse desde finales del siglo XX, cuando ideas como “crecimiento inteligente”, nuevo urbanismo y la construcción “verde” ofrecieron las bases filosóficas y prácticas para el urbanismo sustentable. Sin embargo, estas mismas ideas diferían en su historia, aproximación y enfoque, por lo que se considera ahora que han quedado hasta cierto punto aisladas de una propuesta integral. (Una construcción verde no es tan positiva para el ambiente cuando está rodeada de un amplio estacionamiento; un vecindario peatonal no es sustentable cuando las viviendas están construidas con materiales que no lo son y si no ahorran energía).

El Crecimiento Inteligente, que tiene sus raíces en el movimiento ambiental de los 70´s, se empezó a aplicar en lugares de valor singular. Una herramienta empleada eran los “Límites de Crecimiento Urbano”, que funcionaban como “anillos” más allá de los cuales no se permitía el crecimiento. En la práctica, poco se pudo hacer para controlar el mal desarrollo que se dio dentro de estos límites (“Smart Sprawl”).

El movimiento se revitalizó en 1996, con la adopción de los 10 principios del “Crecimiento Inteligente”. En esa época, muchos ambientalistas eran simplemente anti-crecimiento.

Por su parte, el Nuevo Urbanismo puede entenderse examinando sus raíces, que datan desde los CIAM de principios del siglo XX, en donde se reconoce que un movimiento de reforma en el diseño puede enfocarse a la mejora de la salud humana. Sin embargo, consecuencias como la Carta de Atenas, terminaron opacando estas buenas intenciones al contribuir a la glorificación del transporte privado y la dispersión urbana. Adicionalmente, el impacto que el movimiento moderno tuvo sobre la legislación urbana propició la propagación de errores urbanos al volverse sus principios requisitos para la aprobación de proyectos. Por ello, el Congreso para el Nuevo Urbanismo ha tenido que enfrentarse a la planificación actual con propuestas que, para funcionar cabalmente, requieren empezar de ceros.

Aunque el Nuevo Urbanismo ha sido un medio excelente para lograr vecindarios de usos mixtos, calles peatonales y crecimiento propicio para el transporte público, ha tenido que enfrentarse a las leyes locales como una propuesta “ilegal” en gran parte de las poblaciones de los Estados Unidos.

Sin embargo, la zonificación como herramienta ha seguido avanzando y recientemente se complementó con el “Smart Code”, una propuesta que busca combinar los códigos de zonificación tradicionales con códigos “calibrados” localmente que se expresan de una manera gráfica.

Otra innovación digna de mencionar es la “Guía de Recursos Ambientales”, publicada en 1993 por el Comité del Instituto Americano de Arquitectos para el Ambiente. Se trata de un catálogo sobre la teoría, la práctica y la tecnología de las construcciones “ambientales”. En esta misma época se creó el “Consejo Norteamericano para la Construcción Verde”. Ellos realizaron dos acciones que aceleraron el proceso de adopción de prácticas sustentables: extendieron su audiencia fuera de la profesión de la arquitectura y buscaron la movilización del sector privado.

Para 1995 se completó la versión final del estándar para la construcción sustentable, llamado “LEED (Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental)”. Se le enriqueció con un sistema de puntos en el año 2000.  Este documento combina prerrequisitos, que se combinan con créditos opcionales que suman puntos para alcanzar una puntuación final en diferentes rangos. Esto permitió que los proyectos incorporaran solamente estrategias correctas para la construcción sustentable.

Cuando la administración general de los Estados Unidos adoptó estos principios como requerimiento para aprobar proyectos desarrollados por y para el gobierno, se creó de inmediato un mercado para los edificios certificados con este estándar, que actualmente sigue creciendo en los Estados Unidos.

Solamente podría señalarse como desventaja de estos criterios el hecho de que no consideran puntuación para lo referente a la ubicación del edificio y su contexto, aunque actualmente se está trabajando en una propuesta ampliada (LEED para el desarrollo de vecindarios).


LA CAPACIDAD DE CARGA COMO FUNDAMENTO DE LA PLANEACIÓN:

Como se ha visto, las diferentes medidas que se han empleado para propiciar un desarrollo más sustentable tienen un factor común: buscan limitar el crecimiento para reducir las cargas que los asentamientos humanos imponen al entorno. Es por ello que resulta conveniente entender mejor este principio.

La “capacidad de carga” es un concepto que se ha empleado en la permanente búsqueda de respaldo científico a las decisiones de la planificación urbana. Se pretende que, al ser posible establecer límites a la densidad del desarrollo, pueden defenderse mejor las decisiones que afectan a los desarrolladores y que suelen volverse un problema para los gobiernos locales en las cortes si existe ambigüedad en las interpretaciones.

Sin embargo, y a pesar de que estándares basados en la capacidad de carga ya están operando en la Unión Europea y en los Estados Unidos, las cosas no son tan simples. Es fácil decir que la capacidad de carga tiene como principal referencia la capacidad de recuperación del ambiente. Sin embargo, cada aspecto, ya sea el aire, el agua o el suelo, tiene factores con diferente grado de tolerancia. Incluso cuestiones derivadas de la percepción humana del ambiente deben ser tomadas en cuenta.

Puede concebirse un límite, por ejemplo, en la cantidad de vehículos que circulan en una determinada zona metropolitana. Sin embargo, si el límite viene asociado a la cantidad de partículas contaminantes en el aire, otros factores pueden desplazarlo, como la tecnología para el control de emisiones o la creación de nuevas formas de transporte más funcionales. Incluso interviene nuestra percepción, ya que el humano está cada vez más acostumbrado a niveles altos de contaminación atmosférica.

De allí se desprende el que podamos concebir tres maneras diferentes de aplicar la capacidad de carga en aspectos ambientales. La primera tiene que ver con la capacidad de carga mínima, que se rebasa en cuanto existen cambios detectables en el ambiente. Esta aplicación se emplea cuando hay un costo elevado en mantener la integridad del entorno, como en lugares de descanso o de reservas ecológicas para especies en peligro.

En la segunda aplicación, el cambio en sí mismo es aceptable, pero existen también estándares máximos de degradación del ambiente. Esta aplicación es la más relevante y se vuelve más factible en la medida en que se conocen mejor las consecuencias del desarrollo urbano en el entorno. Bajo esta óptica, la capacidad de carga es un bien “gratuito”, que debe administrarse cuidadosamente.

La tercera aplicación se refiere a la capacidad del ambiente de aceptar una nueva actividad antes de que dicha actividad se vuelva auto-limitante. En este caso, se toleran cambios ambientales masivos y el límite absoluto es el colapso del sistema. Sin embargo, ante las lagunas que aún existen en la ciencia que respalda estos conceptos, es difícil saber si estos colapsos serán temporales o definitivos.

La metodología de aplicación de estos conceptos involucra primero un inventario de los recursos disponibles, así como la identificación de aquellos que son críticos. También deben identificarse las relaciones entre los diferentes recursos, para fijar límites en los puntos clave de los principales indicadores.

CONCLUSIONES:

Hemos entrado a una época de costos y de consecuencias. Las soluciones que antes bastaban ahora ya no son satisfactorias. Tanto el gobierno como los desarrolladores inmobiliarios y la sociedad en general debemos comprender que para lograr grandes cambios se requieren grandes sacrificios.

Debemos, considerando lo anteriormente expuesto, destacar la complejidad inherente a los procesos de regulación del desarrollo. No solamente estamos trabajando con aspectos ambientales que todavía están investigándose, sino que cada propuesta tiene efectos sociales, económicos y políticos que no siempre pueden ser identificados. En esta breve exposición, he tratado de abordar los puntos que permiten confirmar que en diferentes contextos ya se han dado pasos importantes para lograr establecer criterios e indicadores para un desarrollo más sustentable, pero sobre todo, que estos pasos pueden (y deben) ser respaldados por aspectos ambientales que tienen fundamento científico.

En este momento, en que nuestro país está transitando por una etapa en la que la legislación busca ser el catalizador de desarrollos habitacionales acordes a la visión de sustentabilidad que el mundo entero está buscando, espero honestamente que las ideas aquí expuestas contribuyan a que tanto el ámbito público como el inmobiliario reorienten su actuar sin perder la competitividad que el sector de la vivienda tanto necesita.

* El  Arq. Alfredo Ambriz Tapia es Master en Planeación Urbana por la Universidad de Michigan, Coordinador del Consejo Interuniversitario de la Industria de la Construcción y Director de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

“La Plaga Verde”

Por: Lic. Ana Cecilia Pérez Esteban.

Está por todas partes en las grandes ciudades, pero también en el campo, en los bosques y en las selvas. Uno pensaría que el hombre se ha acostumbrado a ella, después de tantos siglos de convivencia forzada, pero hechos recientes nos convencen de que no es así.

Esta plaga es devastadora, no sólo atenta contra nuestro tecnificado ambiente urbano, sino que tiene la osadía de liberar oxígeno en nuestra atmósfera, e incluso tiende a invadir el interior de nuestros hogares, llenando de color nuestros omnipresentes tonos grises.

Nos referimos por supuesto a la vegetación urbana. No estamos solos en nuestra lucha, ya que a nuestros serruchos y palas se unen los de tantos funcionarios, seudo jardineros y otros visionarios que al menor pretexto se ofrecen a erradicar el problema. Llámese invasión por plaga, peligro a las vías de comunicación o simplemente obstrucción de valiosas fachadas comerciales, las razones son múltiples aunque el objetivo sea el mismo: mantener intacta y en constante crecimiento nuestra bella mancha urbana.

Numerosos investigadores han hecho esfuerzos serios por encontrar el valor real de los árboles urbanos, tomando diferentes puntos de vista. Desde las más obvias consideraciones, como las aportaciones de la vegetación al microclima, hasta las mas difíciles de considerar, como el beneficio a la salud humana, la gama enfatiza el impacto financiero que tendrían las ciudades de ser obligadas a buscar otros medios para conseguir beneficios similares.

Sin embargo, el valor real de la vegetación no es un parámetro tomado en cuenta para su eliminación. Frecuentemente, y por razones válidas, es necesario despejar zonas naturales para el crecimiento urbano. En estos casos, las autoridades han determinado estrategias para evitar el deterioro a largo plazo del medio reglamentando la recuperación de cada árbol eliminado con un número determinado de árboles nuevos en lugares más convenientes. Esta medida, sin embargo, es desdeñada por los ambientalistas, quienes argumentan que la biomasa en términos reales resulta afectada [10 árboles pequeños de ninguna manera equivalen a un árbol maduro, ni en producción de oxígeno, ni en regulación climática].

A nivel macro, el cambio climático global representa una amenaza cada vez más seria y es un argumento usado frecuentemente en relación a este tema, y aún cuando las áreas urbanas no cubren la mayor parte de la superficie del planeta, su impacto es significativo. Es por eso que ahora denunciamos el trato que la vegetación urbana recibe por algunos gobiernos locales. Hemos llegado a recurrir al sarcasmo, al igual que los medios en nuestra ciudad [Guadalajara, México], que llaman a los números de la oficina encargada de remover los árboles en malas condiciones el ‘destroyer-tel’, y les adjudican el lema ‘si algún árbol le molesta, llámenos’.

A ellos, y a todos nuestros lectores interesados en conocer algunos de los beneficios de los árboles para las ciudades, les ofrecemos un breve listado de las razones por las cuales esta ‘plaga’ es necesaria:

  • Contribuyen a estabilizar la temperatura [microclima].
  • Reducen las partículas de polvo y algunas que causan enfermedades.
  • Disminuyen los vientos excesivos y controlan la erosión.
  • Reducen los ruidos.
  • Aumentan el valor de la propiedad.
  • Constituyen un medio indirecto para el control de plagas.
  • Absorben contaminantes y producen oxígeno.
  • Son una barrera eficaz contra el vandalismo urbano.
  • Contribuyen a mejorar la imagen urbana y escalar el espacio.
  • Poseen un significado simbólico que refuerza el lenguaje arquitectónico.
  • Marcan el carácter y la historia de zonas antiguas.

Convocatoria 2012 a la Presea: “Ciudades Humanas, Ciudades Incluyentes”

En Febrero, en la Reunión del Consejo Interuniversitario de la Industria de la Construcción, se presentó la Convocatoria 2012 a la Presea: “Ciudades Humanas, Ciudades Incluyentes”. Se busca que los estudiantes de las Facultades de Arquitectura de las diferentes universidades de Jalisco participen. Este es el enlace: www.ciudadeshumanas.com

Este es un enlace a la presentación que nos mostraron de parte del Gobierno del Estado y el video que explica el evento se muestra a continuación:

CHANDLER PARK: Una Propuesta Metodológica para la Planeación de Espacios Recreativos.

M. Arq. Alfredo Ambriz Tapia.

Chandler Park es el segundo parque urbano (en cuanto a superficie) en la ciudad de Dettroit, MI. Hace ya algunos años, la Universidad de Michigan y la Comisión de Parques del Estado emprendieron un trabajo conjunto para su rehabilitación bajo una metodología que algún tiempo después se presentó en un Congreso de Investigación realizado en la Universidad Autónoma de Guadalajara.

Esta metodología, que se apoya fuertemente en la participación comunitaria, puede considerarse sustentable y actual, pues es congruente con este paradigma. Su proceso involucró también la aceptación de las deficiencias existentes en los procesos de investigación social aplicados al diseño y la arquitectura, además de revelar profundas discrepancias acerca de la percepción del papel de la autoridad del gobierno en la gestión social de proyectos públicos.

Uno de los enfoques más innovadores en esta investigación fué el de BAL (“Benefits Approach to Leisure”), que al asignarle un valor económico tangible a cada uno de los beneficios que los parques y las áreas abiertas proporcionan (en términos de generación de oxígeno, mejora de la salud pública, etc), permite también reconocer el valor real de dichos espacios.

Presentación: “CHANDLER PARK: Una Propuesta Metodológica para la Planeación de Espacios Recreativos”