Edificación Sustentable.

Por: Jesús Alejandro Castro Noémi.

La arquitectura sustentable es aquélla que tiene en cuenta el medio ambiente y que valora, cuando proyecta los edificios, la eficiencia de los materiales y de la estructura de construcción, los procesos de edificación, el urbanismo y el impacto que los edificios tienen en la naturaleza y en la sociedad.  Pretende fomentar la eficiencia energética para que esas edificaciones no generen un gasto innecesario de energía, aprovechen los recursos de su entorno para el funcionamiento de sus sistemas y no tengan ningún impacto en el medio ambiente.( http://blog.deltoroantunez.com/2013/11/definicion-arquitectura-sostenible.html)

Muchas personas confunden la arquitectura sustentable con eco-tecnologías o domótica, y en la confianza hacia la eficiencia de las tecnologías en la edificación, sin embargo esto es otra rama de la arquitectura que a veces entra en discusión en cuanto depender de la tecnología para resolver problemas o regresar a la sencillez de los principios de diseño para la mejor optimización de una edificación.

En lo personal el término sustentabilidad en la arquitectura es aquella que tiene en cuenta el contexto, los materiales, y el éxito que tiene el tiempo y economía en la construcción, es un término relativamente nuevo y de tendencia para algunas instituciones que se aprovechan a utilizarse de ello.

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El “Nuevo Urbanismo”.

Por: Karen Monserrat Coronel Cordova.

“La accesibilidad física y la posibilidad de encuentro son más que nunca los principales valores de las zonas urbanas.” François Ascher (2001: 59).

A finales de la década de 1980 surge en estados unidos un nuevo grupo, autodenominado nuevo urbanismo, que defiende el acercamiento y la revitalización de las comunidades, basándose de modelos de desarrollo anteriores a la II guerra mundial, pretende integrar los componentes de la vida moderna vivir, trabajar, comprar y recreación en vecindarios compactos, polifuncionales y amables con el peatón, en relación con un marco regional mayor.

Los líderes de este movimiento hacia un nuevo urbanismo Neo tradicional se reunieron en 1993 para formar el Congreso For de The New Urbanism ( CNU ) , con sede en San francisco. Los fundadores fueron Andres DUany, Elizabeth Plater-Zyberg, entre otros, y llego a contar con 1,500 miembros en 1999.

El nuevo urbanismo tiene que probar, con el tiempo, que sus ideas son superiores tanto para la revitalización de viejas ciudades y pueblos como para construir nuevas comunidades. Si pueden realizar estos retos y los primeros proyectos así como demuestran, el nuevo urbanismo está destinado a ser el camino dominante entre las inversiones inmobiliarias y el planteamiento del futuro. ( ARQHYS, 2012 )

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Movilidad Sustentable

Por: Isabel Contreras Ruiz.

El ser humano, desde su existencia ha tenido la necesidad desplazarse de un lugar a otro para obtener sus recursos. Es por eso que  movilidad se entiende como el conjunto de desplazamientos, de personas y mercancías, que se producen en un entorno físico. “Cuando hablamos de movilidad urbana nos referimos a la totalidad de desplazamientos que se realizan en la ciudad”. (Tranporte, 2007)

Estos desplazamientos son realizados en diferentes medios o sistemas de transportes, ya sea carro, transporte público, bicicletas o andadores. Todos con el objetivo de llegar lo más rápido posible al lugar en donde se desea ir.

Actualmente los problemas de movilidad que se presentan en la mayoría de las ciudades, son la consecuencia progresiva desmejorada del consumo de suelo urbano para el transporte. Esto se refiere a que las ciudades crecen de forma desorganizada, la construcción de más inmuebles y zonas habitacionales de forma desordenada es un problema sin solución. Con el aumento de las distancias entre actividades se requiere cada vez de más desplazamientos motorizados que reclaman a su vez más espacio que consumir, generándose así un círculo vicioso expansivo.

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Arquitectura Sustentable en México

Por: María Fernanda Puig Flores.

“La sustentabilidad en arquitectura la definimos como la forma racional y responsable de crear espacios habitables para el ser humano, bajo las premisas del ahorro de los recursos naturales, financieros y humanos, lo cual justifica la relación con el ámbito del desarrollo sustentable (sociedad, medio ambiente y economía), para lo cual debe cubrir también los requerimientos de habitabilidad del presente y del futuro.” (Moreno, 2008)

El papel que juega la arquitectura en el desarrollo de un país es vital, ya que esta provee los espacios necesarios para realizar las actividades que permiten el progreso tanto de las ciudades como el de la sociedad que en ellas habitan.

Los arquitectos, urbanistas y profesionales dedicados a la industria de la construcción somos los responsables de lograr el diseño de esos espacios, es por eso que tenemos la obligación de plantear propuestas sustentables y hacer proyectos que respeten al medio ambiente, aprovechen los recursos naturales y reduzcan la contaminación sin afectar al entorno.

La complejidad de la arquitectura sustentable radica en sus principios de diseño, debido a que van más allá de la estética del edificio. En el diseño sustentable, lo físico pasa a formar parte de un segundo plano, ya que el análisis y las normas que deben seguirse son la razón de ser en este tipo de proyectos.

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El Entorno Construido y el Cambio Climático.

Por: Manuel Antonio Pérez Vázquez.

El cambio climático es un fenómeno de proporciones globales que en la actualidad causa preocupación, ya que provoca variabilidad en los patrones climatológicos. Este problema compete a todas las profesiones. Arquitectónicamente suele considerarse un reto importante debido a que las tendencias de construcción en temas de urbanismo, deben alinearse para favorecer al medio ambiente, integrándolo de forma dinámica en el desarrollo de las ciudades (Fernández, 2004).

El actual entorno construido debió realizarse considerando de forma objetiva los posibles cambios que pudiesen surgir respecto a la dinámica poblacional (Barton, 2009).

Desafortunadamente las proyecciones realizadas hace 30 años, fueron rebasadas de manera perturbadora, lo que generó hoy en día que los espacios sean reducidos y saturados en las grandes ciudades. Por otra parte en los ambientes rurales más allá de la carencia de espacios de construcción, prevalece el desconocimiento referente a la importancia de planificar adecuadamente los lugares de vivienda para afectar lo menos posible a la naturaleza, un ejemplo se observa en los rellenos no controlados de terrenos bajos o barrancas (fig.1), para usar el suelo como lecho de construcción, generando contextos no seguros (Artiles & Sangabriel, 2012).

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El Desarrollo Urbano del Siglo XX

Por: Zully Anallely García Merodio.

La primera mitad del siglo XX, hasta la segunda guerra mundial, es una etapa de transición entre la ciudad industrial “primitiva “y la formación de las extensas y multiformes áreas metropolitanas. El modelo de ciudad industrial densa y compacta comienza a modificarse en cuanto se crean y amplían las posibilidades del transporte intraurbano, colectivo y privado.

En la historia de la ciudad se alteran y superponen los momentos y los fragmentos planeados y los desarrollados de manera espontánea u orgánica.

El crecimiento extensivo de las grandes ciudades no ha sido el único fenómeno del cambio urbano operado a lo largo del siglo. La transformación más relevante ha consistido en el cambio de escala experimentado en el sistema urbano, produciéndose un proceso de expansión que no sólo ha desbordado los límites administrativos tradicionales, sino que también ha llegado a invadir regiones enteras.

Ilustración 1 : La Ciudad Industrial.

La revolución en los transportes, fruto de la irrupción, primero, de los ferrocarriles metropolitanos y, después, de la generalización del uso del automóvil, permitió la progresiva separación de la residencia y del trabajo, generando un imparable proceso de suburbanización.

La dinámica de las metrópolis a lo largo del siglo XX ha aparentado un crecimiento infinito. Sin embargo, la mayor parte de los analistas urbanos intuyeron, ya hacia mediados de los 70, signos de agotamiento en el crecimiento de las grandes aglomeraciones urbanas.

A pesar de que la metropolitanización ha caracterizado en buena parte el desarrollo urbano del siglo XX, en Europa y América del Norte la expansión urbana ha evidenciado, ya desde hace varias décadas, signos de evidente ralentización y agotamiento.

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El Desarrollo Urbano antes de la Revolución Industrial

Por:  Jorge Luis Ochoa de la Cruz.

Introducción.

La revolución industrial, la cual sucedió durantee en el siglo XVlll principalmente en el continente europeo, fue un detonante en el progreso del ser humano como ser pensante, pues impulsó a la economía global, con la mecanización de sistemas antiguos, la migración de las personas del campo a la ciudad, los cambios en las distintas clases sociales, el crecimiento acelerado de las ciudades, descubrimientos en la ciencia, entre otros. En conjunto todos estos factores al conjugarse provocaron este gran despertar de los seres humanos; no existe uno que logre resaltar de los demás. En general la revolución industrial fue clave para conocer el mundo en el que hoy habitamos.

La vida antes de la revolución industrial

Antes de la revolución industrial el estilo de vida o el “antiguo régimen” denominado así por los historiadores, estaba dominado por una monarquía absoluta, es decir, todos los poderes se concentraban en una sola persona, el rey o reina al mando, este podía hacer uso de los poderes de forma ilimitada. Se creía que este poder estaba otorgado por un derecho divino, es decir, otorgado por Dios.

Vida campesina

El día a día se basaba en la producción agrícola, la mayoría de la población era campesina y la situación social era variada, existían campesinos libres, los cuales trabajaban sus propias tierras o las rentaban y por otra parte existían los campesinos “jornaleros” o asalariados, los cuales trabajaban en tierras con propietarios o terratenientes. Realmente la vida cotidiana no era fácil, ya que estaba determinada por la producción y el cultivo, cuando estos escaseaban era muy difícil la sobrevivencia, sin embargo, los habitantes del campo formaban vecindarios los cuales servían con lazos económicos, creando tradiciones de todo tipo (Ens40RevInd, 2016)

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“FUNDAMENTOS AMBIENTALES PARA UNA PLANEACIÓN URBANA SUSTENTABLE”.

Fundamentos Ambientales para una Planeación Urbana Sustentable (Ponencia presentada en el “Foro Estatal de Vivienda”, Jalisco 2009).
Alfredo Ambriz Tapia. 

INTRODUCCIÓN:

Nuestro estilo de vida contemporáneo se ha enfrentado a una dura realidad: no es posible seguir por este camino y esperar que no haya consecuencias por pagar. En el sentido ambiental, habíamos supuesto que la suma de las libertades y comodidades individuales, de alguna manera procuraría el máximo bienestar para la comunidad.

Los pobladores de las zonas urbanas, donde ahora habita la mayor parte del planeta, son cada vez más sedentarios. Prefieren el espacio interior, del que cada vez exigen mayor cantidad y esperan un clima artificial que, combinado con la arquitectura que hemos heredado del estilo internacional, es cada vez más ineficiente.

La distancia promedio que recorremos diariamente ha ido en constante aumento, lo que ha provocado un incremento de la dispersión urbana. Los patrones de uso de suelo han favorecido a la vez un abandono de las ciudades centrales y una conversión de formas de vivienda que propicia cada vez más desperdicio, especialmente considerando la infraestructura de transporte, instalaciones y servicios que, estando ya instalada, se encuentra subempleada.

Los costos del progreso no solamente son complejos y muy elevados, sino que se distribuyen de manera inequitativa, sin depender del grado de “culpa” de quien produce el daño ni de las consecuencias sociales y políticas de las medidas tomadas para mitigarlos.

Es por todo esto que resulta indispensable no solamente buscar criterios para propiciar la sustentabilidad de los asentamientos humanos en nuestro país, como los que nos ha presentado la CONAVI, sino también conocer el camino que se ha seguido para implementarlos en otros contextos y estar preparados para respaldarlos con fundamentos científicos, de manera que pueda resolverse la polémica que existe acerca de quién debe pagar los elevados costos sociales y económicos, no solamente del progreso, sino de las medidas que ahora deberemos tomar para regularlo.

FUNDAMENTOS DE LA PLANEACIÓN AMBIENTAL:

Una primera herramienta que ha contribuido a integrar objetivos de sustentabilidad al desarrollo urbano es la planeación ambiental. Esta tiene entre sus objetivos: minimizar las amenazas a la salud y la vida humanas reduciendo la concentración de agentes tóxicos en el ambiente, conservar recursos para el uso futuro y minimizar daños al ambiente por su valor intrínseco. Igualmente se emplea la planeación energética cuyo objetivo es mucho más simple: conservar recursos energéticos no renovables, empleando estrategias como la orientación solar y los sistemas ambientales pasivos.

Sin embargo, la planeación ambiental no está exenta de dificultades para su operación, entre las cuales destacan:

  • Los procesos ambientales suelen ser complejos y en muchos casos no se comprenden del todo.
  • Los problemas ambientales no respetan límites políticos, como puede apreciarse en las implicaciones globales del problema más polémico: el calentamiento global.
  • La solución de un problema ambiental puede ocasionar nuevos problemas de la misma índole.
  • Los aspectos ambientales pueden desatar fuertes emociones, ya que las decisiones crean grandes ganadores y grandes perdedores.

Por estas razones, muchos países han optado por establecer políticas desde el nivel federal, ya que se evita la problemática derivada de la implementación a nivel local. Desde la asignación de presupuestos dirigidos especialmente al fomento de medidas más eficientes para la planeación de nuevos asentamientos hasta la aplicación de sanciones, cada decisión conlleva un costo que debe absorberse en determinado nivel. Si las medidas ambientales provocan un aumento en los costos de producción, se afecta la competitividad de las naciones. Si provocan un límite al desarrollo urbano, los perdedores son los nuevos residentes que deben enfrentar una oferta de vivienda más reducida. Si se exigen estándares más elevados en el control de emisiones, pueden afectarse hasta los precios de los productos básicos a nivel global.

Históricamente, esta aparente contradicción entre progreso y sustentabilidad se ha tratado de resolver desde la perspectiva de los controles al desarrollo, que generalmente impactan a nivel local la intensidad del crecimiento, el tipo del mismo, su ubicación, la inversión de capital público y el control de su operación una vez realizado.

Los primeros esfuerzos pueden verse desde finales del siglo XX, cuando ideas como “crecimiento inteligente”, nuevo urbanismo y la construcción “verde” ofrecieron las bases filosóficas y prácticas para el urbanismo sustentable. Sin embargo, estas mismas ideas diferían en su historia, aproximación y enfoque, por lo que se considera ahora que han quedado hasta cierto punto aisladas de una propuesta integral. (Una construcción verde no es tan positiva para el ambiente cuando está rodeada de un amplio estacionamiento; un vecindario peatonal no es sustentable cuando las viviendas están construidas con materiales que no lo son y si no ahorran energía).

El Crecimiento Inteligente, que tiene sus raíces en el movimiento ambiental de los 70´s, se empezó a aplicar en lugares de valor singular. Una herramienta empleada eran los “Límites de Crecimiento Urbano”, que funcionaban como “anillos” más allá de los cuales no se permitía el crecimiento. En la práctica, poco se pudo hacer para controlar el mal desarrollo que se dio dentro de estos límites (“Smart Sprawl”).

El movimiento se revitalizó en 1996, con la adopción de los 10 principios del “Crecimiento Inteligente”. En esa época, muchos ambientalistas eran simplemente anti-crecimiento.

Por su parte, el Nuevo Urbanismo puede entenderse examinando sus raíces, que datan desde los CIAM de principios del siglo XX, en donde se reconoce que un movimiento de reforma en el diseño puede enfocarse a la mejora de la salud humana. Sin embargo, consecuencias como la Carta de Atenas, terminaron opacando estas buenas intenciones al contribuir a la glorificación del transporte privado y la dispersión urbana. Adicionalmente, el impacto que el movimiento moderno tuvo sobre la legislación urbana propició la propagación de errores urbanos al volverse sus principios requisitos para la aprobación de proyectos. Por ello, el Congreso para el Nuevo Urbanismo ha tenido que enfrentarse a la planificación actual con propuestas que, para funcionar cabalmente, requieren empezar de ceros.

Aunque el Nuevo Urbanismo ha sido un medio excelente para lograr vecindarios de usos mixtos, calles peatonales y crecimiento propicio para el transporte público, ha tenido que enfrentarse a las leyes locales como una propuesta “ilegal” en gran parte de las poblaciones de los Estados Unidos.

Sin embargo, la zonificación como herramienta ha seguido avanzando y recientemente se complementó con el “Smart Code”, una propuesta que busca combinar los códigos de zonificación tradicionales con códigos “calibrados” localmente que se expresan de una manera gráfica.

Otra innovación digna de mencionar es la “Guía de Recursos Ambientales”, publicada en 1993 por el Comité del Instituto Americano de Arquitectos para el Ambiente. Se trata de un catálogo sobre la teoría, la práctica y la tecnología de las construcciones “ambientales”. En esta misma época se creó el “Consejo Norteamericano para la Construcción Verde”. Ellos realizaron dos acciones que aceleraron el proceso de adopción de prácticas sustentables: extendieron su audiencia fuera de la profesión de la arquitectura y buscaron la movilización del sector privado.

Para 1995 se completó la versión final del estándar para la construcción sustentable, llamado “LEED (Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental)”. Se le enriqueció con un sistema de puntos en el año 2000.  Este documento combina prerrequisitos, que se combinan con créditos opcionales que suman puntos para alcanzar una puntuación final en diferentes rangos. Esto permitió que los proyectos incorporaran solamente estrategias correctas para la construcción sustentable.

Cuando la administración general de los Estados Unidos adoptó estos principios como requerimiento para aprobar proyectos desarrollados por y para el gobierno, se creó de inmediato un mercado para los edificios certificados con este estándar, que actualmente sigue creciendo en los Estados Unidos.

Solamente podría señalarse como desventaja de estos criterios el hecho de que no consideran puntuación para lo referente a la ubicación del edificio y su contexto, aunque actualmente se está trabajando en una propuesta ampliada (LEED para el desarrollo de vecindarios).


LA CAPACIDAD DE CARGA COMO FUNDAMENTO DE LA PLANEACIÓN:

Como se ha visto, las diferentes medidas que se han empleado para propiciar un desarrollo más sustentable tienen un factor común: buscan limitar el crecimiento para reducir las cargas que los asentamientos humanos imponen al entorno. Es por ello que resulta conveniente entender mejor este principio.

La “capacidad de carga” es un concepto que se ha empleado en la permanente búsqueda de respaldo científico a las decisiones de la planificación urbana. Se pretende que, al ser posible establecer límites a la densidad del desarrollo, pueden defenderse mejor las decisiones que afectan a los desarrolladores y que suelen volverse un problema para los gobiernos locales en las cortes si existe ambigüedad en las interpretaciones.

Sin embargo, y a pesar de que estándares basados en la capacidad de carga ya están operando en la Unión Europea y en los Estados Unidos, las cosas no son tan simples. Es fácil decir que la capacidad de carga tiene como principal referencia la capacidad de recuperación del ambiente. Sin embargo, cada aspecto, ya sea el aire, el agua o el suelo, tiene factores con diferente grado de tolerancia. Incluso cuestiones derivadas de la percepción humana del ambiente deben ser tomadas en cuenta.

Puede concebirse un límite, por ejemplo, en la cantidad de vehículos que circulan en una determinada zona metropolitana. Sin embargo, si el límite viene asociado a la cantidad de partículas contaminantes en el aire, otros factores pueden desplazarlo, como la tecnología para el control de emisiones o la creación de nuevas formas de transporte más funcionales. Incluso interviene nuestra percepción, ya que el humano está cada vez más acostumbrado a niveles altos de contaminación atmosférica.

De allí se desprende el que podamos concebir tres maneras diferentes de aplicar la capacidad de carga en aspectos ambientales. La primera tiene que ver con la capacidad de carga mínima, que se rebasa en cuanto existen cambios detectables en el ambiente. Esta aplicación se emplea cuando hay un costo elevado en mantener la integridad del entorno, como en lugares de descanso o de reservas ecológicas para especies en peligro.

En la segunda aplicación, el cambio en sí mismo es aceptable, pero existen también estándares máximos de degradación del ambiente. Esta aplicación es la más relevante y se vuelve más factible en la medida en que se conocen mejor las consecuencias del desarrollo urbano en el entorno. Bajo esta óptica, la capacidad de carga es un bien “gratuito”, que debe administrarse cuidadosamente.

La tercera aplicación se refiere a la capacidad del ambiente de aceptar una nueva actividad antes de que dicha actividad se vuelva auto-limitante. En este caso, se toleran cambios ambientales masivos y el límite absoluto es el colapso del sistema. Sin embargo, ante las lagunas que aún existen en la ciencia que respalda estos conceptos, es difícil saber si estos colapsos serán temporales o definitivos.

La metodología de aplicación de estos conceptos involucra primero un inventario de los recursos disponibles, así como la identificación de aquellos que son críticos. También deben identificarse las relaciones entre los diferentes recursos, para fijar límites en los puntos clave de los principales indicadores.

CONCLUSIONES:

Hemos entrado a una época de costos y de consecuencias. Las soluciones que antes bastaban ahora ya no son satisfactorias. Tanto el gobierno como los desarrolladores inmobiliarios y la sociedad en general debemos comprender que para lograr grandes cambios se requieren grandes sacrificios.

Debemos, considerando lo anteriormente expuesto, destacar la complejidad inherente a los procesos de regulación del desarrollo. No solamente estamos trabajando con aspectos ambientales que todavía están investigándose, sino que cada propuesta tiene efectos sociales, económicos y políticos que no siempre pueden ser identificados. En esta breve exposición, he tratado de abordar los puntos que permiten confirmar que en diferentes contextos ya se han dado pasos importantes para lograr establecer criterios e indicadores para un desarrollo más sustentable, pero sobre todo, que estos pasos pueden (y deben) ser respaldados por aspectos ambientales que tienen fundamento científico.

En este momento, en que nuestro país está transitando por una etapa en la que la legislación busca ser el catalizador de desarrollos habitacionales acordes a la visión de sustentabilidad que el mundo entero está buscando, espero honestamente que las ideas aquí expuestas contribuyan a que tanto el ámbito público como el inmobiliario reorienten su actuar sin perder la competitividad que el sector de la vivienda tanto necesita.

* El  Arq. Alfredo Ambriz Tapia es Master en Planeación Urbana por la Universidad de Michigan, Coordinador del Consejo Interuniversitario de la Industria de la Construcción y Director de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

La Economía Global y la Competitividad de las Ciudades.

La Economía Global y la Competitividad de las Ciudades.
Alfredo Ambriz Tapia*.

La frase “Piensa globalmente, actúa localmente”, atribuída a Patrick Geddes, constituye una de las primeras ocasiones en que se reconoce la importancia de aspectos globales para las comunidades, pero también la aceptación de que ya no bastaba una eficiencia a escala local para que las ciudades pudieran seguir siendo competitivas en el contexto internacional.

La OCDE enfatiza que las ciudades son el hogar de más de la mitad de la población de los países miembros y más del cincuenta por ciento de la producción y los empleos de muchas naciones se concentran en sus ciudades más grandes. Queda claro que, para la competitividad de las naciones, las ciudades son un elemento fundamental.

Nuestro siglo seguramente será reconocido como el “Siglo de las Ciudades” (Ratcliffe, 2002). Sus productos culturales y económicos opacan incluso a aquellos de los países a los que pertenecen. Mucho se comenta que regiones como la de Barcelona, Kioto y Shanghai han logrado superar la influencia económica y cultural de las capitales de los países que les dan cobijo. Pero estas tendencias no son más que los últimos efectos de fuerzas que han actuado por siglos. Los fenómenos de concentración de la población, tan antiguos como la revolución industrial, han generado ya áreas metropolitanas que desafían cualquier intento de planeación. Simplemente en Estados Unidos, doscientos cuarenta y tres millones de habitantes se concentran en el 3 por ciento urbano del país. En Tokio y sus alrededores viven treinta y seis millones de personas. Y qué decir de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México…

Este fenómeno de concentración tiene su explicación y sus ventajas: en las ciudades se ha logrado una mejora en ingresos, en productividad, en niveles de alfabetización, salud y expectativa de vida que las áreas rurales están lejos de alcanzar. Las ciudades son el motor de la productividad, la innovación y la economía global. Han dado origen a movimientos como el Renacimiento y han sido fundamentales para el progreso de la humanidad.

En nuestra cultura occidental, las crisis mundiales no han acabado con la importancia de las ciudades en estos tiempos post-industriales. Ahora son más prósperas, saludables y atractivas que nunca; contribuyendo también con gran parte del PIB de los países donde se ubican (Glaeser, 2012).

Desde que los romanos difundieron la cultura urbana, se generaron ventajas inigualables para la población de las ciudades. Pero no debemos olvidar que fue hasta nuestro siglo que este se volvió el modo de vida predominante. Ahora, que queda claro que la tendencia no se revertirá y que no se ve en el futuro que la vida rural sea la solución, es que somos conscientes de la importancia de cuidar estos nodos de las redes globales y generar procesos de planeación en las zonas metropolitanas que les permitan mantener una competitividad que trascienda mercados globales y nacionales.

En el proceso de urbanización, muchos efectos han sido observados como consecuencia de esta aspiración de las ciudades de ser competitivas a escala global. No todos ellos han sido ventajosos, pero sin duda deben ser tomados en cuenta por los gobiernos locales si esperan llevar a sus empresas y ciudadanos al siguiente nivel. Algunos de estos efectos son:

  • Desigualdad: Las ciudades enfrentan esta consecuencia de la pobreza urbana. A veces, el desempleo masivo es un efecto de variables macroeconómicas que ni siquiera se explican localmente.
  • Crisis de la Vivienda Urbana: Los fenómenos de ocupación del espacio y renta urbana, característicos de los esquemas monocéntricos, han creado situaciones donde los ciudadanos viven donde pueden, no donde quieren o donde sería más conveniente para la economía local. Los mercados inmobiliarios y la especulación presionan a las poblaciones y a los esquemas de movilidad, creando ineficiencias que afectan la competitividad de los comercios, los servicios  y la industria.
  • Impactos en la educación: El ser competitivos a escala urbana implica tener un sector de la población que puede invertir en la educación como motor de desarrollo. Sin embargo, existen costos ocultos para los ciudadanos menos privilegiados, que involucran aspectos sociales, de movilidad y económicos.
  • Relevancia de actores no públicos: Las ciudades, ante las presiones globales y tal vez también ante la ineficiencia de administraciones locales, han generado liderazgos emergentes en las ONG´s ciudadanas, académicas y profesionales. Estos nuevos protagonistas deben encontrar espacios en procesos participativos de planeación que impulsen políticas explícitamente enfocadas a la competitividad.
  • Disminución de la cohesión social: Desafortunadamente, el crecimiento urbano genera también un cierto grado de egoísmo y aislamiento entre las diferentes zonas de la ciudad; cuando no un conflicto abierto. La segregación espacial es cada vez más frecuente y los efectos inciden sobre los menos beneficiados, que tienen que asumir mayores costos en transporte, educación y servicios (el agua más cara es la que se tiene que surtir en pipas).
  • Descentralización de la responsabilidad de políticas y servicios: Ahora es frecuente que los “cotos” y fraccionamientos asuman la responsabilidad sobre la provisión de servicios normalmente públicos, especialmente de seguridad y comunicaciones. Se han creado también nuevos esquemas para la administración vecinal e incluso la gobernabilidad urbana.
  • Procesos contradictorios de concentración y dispersión: Mientras que algunas ciudades centrales concentran cada vez más población, otras, con un rol secundario, enfrentan las presiones de desarrollo sin preparación técnica suficiente.

Sin embargo, todos estos efectos no desaniman a las poblaciones que siguen encontrando en las ciudades la solución a la pobreza de las zonas rurales. La clave, como siempre, es una planeación en la que la aceptación de la responsabilidad local impulse un liderazgo político responsable.

A fin de cuentas, los expertos en estos temas reconocen que la diversidad hace productiva a la metropoli. Se trata, como señaló Jane Jacobs (1992) de “capitalizar las fortalezas y los recursos de las comunidades que, aún ya teniéndolos, los ha venido negando o desperdiciando”.

El desafío es impulsar, en todos los niveles, la consolidación de “Ciudades Globales”, un concepto de Saskia Sassen que describe a los nodos de un sistema económico global. Ciudades que, habiendo resuelto los problemas de gestión derivados de los fenómenos de metropolización, controlan una cantidad desproporcionada de los negocios globales y participan activamente en eventos internacionales.

Estas ciudades poseen características económicas, políticas, culturales y de infraestructura que son el resultado de años de inversión cuidadosa en temas prioritarios. Son sede de empresas transnacionales, mercados financieros importantes e instituciones culturales, educativas y de medios reconocidas globalmente. Poseen una infraestructura que hace eficiente tanto el transporte público como al privado. Se mencionan con una familiaridad que obvia recordar al país al que pertenecen…

Pero, sobre todo, poseen habitantes que cumplen con su responsabilidad social, ya sea como empresarios, como gobernantes o como miembros de una sociedad civil activa y participativa. A fin de cuentas, en nuestro contexto, la lucha no está perdida; ni por las presiones económicas actuales ni por el rezago en la gestión urbana que ahora es dolorosamente obvio. Debemos recordar que las fuerzas que afectan el crecimiento metropolitano NO se determinan a nivel global… Dependen de cada uno de nosotros y nuestro compromiso como ciudadanos.

* El  Arq. Alfredo Ambriz Tapia es Master en Planeación Urbana por la Universidad de Michigan, Coordinador del Consejo Interuniversitario de la Industria de la Construcción y Director de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

“La Plaga Verde”

Por: Lic. Ana Cecilia Pérez Esteban.

Está por todas partes en las grandes ciudades, pero también en el campo, en los bosques y en las selvas. Uno pensaría que el hombre se ha acostumbrado a ella, después de tantos siglos de convivencia forzada, pero hechos recientes nos convencen de que no es así.

Esta plaga es devastadora, no sólo atenta contra nuestro tecnificado ambiente urbano, sino que tiene la osadía de liberar oxígeno en nuestra atmósfera, e incluso tiende a invadir el interior de nuestros hogares, llenando de color nuestros omnipresentes tonos grises.

Nos referimos por supuesto a la vegetación urbana. No estamos solos en nuestra lucha, ya que a nuestros serruchos y palas se unen los de tantos funcionarios, seudo jardineros y otros visionarios que al menor pretexto se ofrecen a erradicar el problema. Llámese invasión por plaga, peligro a las vías de comunicación o simplemente obstrucción de valiosas fachadas comerciales, las razones son múltiples aunque el objetivo sea el mismo: mantener intacta y en constante crecimiento nuestra bella mancha urbana.

Numerosos investigadores han hecho esfuerzos serios por encontrar el valor real de los árboles urbanos, tomando diferentes puntos de vista. Desde las más obvias consideraciones, como las aportaciones de la vegetación al microclima, hasta las mas difíciles de considerar, como el beneficio a la salud humana, la gama enfatiza el impacto financiero que tendrían las ciudades de ser obligadas a buscar otros medios para conseguir beneficios similares.

Sin embargo, el valor real de la vegetación no es un parámetro tomado en cuenta para su eliminación. Frecuentemente, y por razones válidas, es necesario despejar zonas naturales para el crecimiento urbano. En estos casos, las autoridades han determinado estrategias para evitar el deterioro a largo plazo del medio reglamentando la recuperación de cada árbol eliminado con un número determinado de árboles nuevos en lugares más convenientes. Esta medida, sin embargo, es desdeñada por los ambientalistas, quienes argumentan que la biomasa en términos reales resulta afectada [10 árboles pequeños de ninguna manera equivalen a un árbol maduro, ni en producción de oxígeno, ni en regulación climática].

A nivel macro, el cambio climático global representa una amenaza cada vez más seria y es un argumento usado frecuentemente en relación a este tema, y aún cuando las áreas urbanas no cubren la mayor parte de la superficie del planeta, su impacto es significativo. Es por eso que ahora denunciamos el trato que la vegetación urbana recibe por algunos gobiernos locales. Hemos llegado a recurrir al sarcasmo, al igual que los medios en nuestra ciudad [Guadalajara, México], que llaman a los números de la oficina encargada de remover los árboles en malas condiciones el ‘destroyer-tel’, y les adjudican el lema ‘si algún árbol le molesta, llámenos’.

A ellos, y a todos nuestros lectores interesados en conocer algunos de los beneficios de los árboles para las ciudades, les ofrecemos un breve listado de las razones por las cuales esta ‘plaga’ es necesaria:

  • Contribuyen a estabilizar la temperatura [microclima].
  • Reducen las partículas de polvo y algunas que causan enfermedades.
  • Disminuyen los vientos excesivos y controlan la erosión.
  • Reducen los ruidos.
  • Aumentan el valor de la propiedad.
  • Constituyen un medio indirecto para el control de plagas.
  • Absorben contaminantes y producen oxígeno.
  • Son una barrera eficaz contra el vandalismo urbano.
  • Contribuyen a mejorar la imagen urbana y escalar el espacio.
  • Poseen un significado simbólico que refuerza el lenguaje arquitectónico.
  • Marcan el carácter y la historia de zonas antiguas.